sábado, 7 de agosto de 2010

¡Hágame una limpia señor Principe de la canción!

Fueron como 4 dias de novocaína. Estar con el Principe de la canción desde muy tempranas horas en la madrugada hasta, literalmente, cerrar el telón con él a altas horas de la noche. Todo iba "sedita y coperando", como diría un conocido. El propósito de su visita a Chicago era nada más y nada menos que para presentar su libro titulado Esta es mi vida. Una entrevista en la radio por aquí, otra de TV por acá, la cena de gala con los VIP por allá... En fin, núnca antes había estado por tanto tiempo como responsable de un personaje tan querido y buscado por cientos de personas. El día de la presentación transcurrió sin percances. De hecho, como para amenizar el día le comenté acerca de aquel video que se ha hecho famoso de el festival OTI en 1970. Elogiaba su majestuosa participación. Él humildemente me contó la historia de el saco que llevaba puesto en esa ocasión. El cuál, minutos antes, se lo había prestado Alberto Vazquez, ya que el Principe siempre salía a todos los conciertos con el mismo saco y de gesto amable le pidó al Beto el suyo para refrescar su look.


Cuando concluyó la firma de autografos, yá alrededor de la 1am, pretendíamos abordar el coche para retirarnos al hotel; la hijastra del Principe, una grupi, el galardonado y yo. Cuando de la oscura noche se nos acerca una camioneta verde estilo Chevy Astro con un hombre dentro gritando el nombre del divo. Éste último, siendo tan fiel a su publico, no dudo en saludar a el incauto. Cuando José José regresó a mi vehiculo, me pidió amablemente siguiera aquella camioneta verde a su destino. Perplejo, eché en marcha el coche para seguir a aquel personaje misterioso el cual el Principe me comentaba era un doctor y lo iba a curar de un mal muy profundo.

Y bien llegamos al destino, en la esquina de la calle 18 y la Racine, en Pilsen. Bajó José José de mi coche y me pidió lo esperara ahí. Transcurrieron 10, 15, 20, 30 minutos y el Principe... ¡aún no regresaba! A unos cuantos metros de donde estaba yo esperando con la hijastra y la grupi de José José, se estacionaron 3 caminonetas simialres a la sospechosa Chevy Astro. De estas bajaron varias señoras, niñas y niños radiando cierta emoción. Fue ahí cuando supuse que el sospechosos de la camioneta había llamado a la tía, la vecina, los sobrinos y todo aquel que cupiera abordo de los vehiculos...

Me precipité a salir del coche para adelantarme a la turba e increpar su camino. Logré hacer que uno de ellos me abriera la puerta principal y sin pensarlo demasiado me les adelanté a todos para cerrarles la puerta por dentro con seguro y así no dejar a nadie más entrar en el edificio. Por un momento descansé mientras recargaba mi espalda en la puerta, cuando del fondo de un pasillo largo escuché golpes (¡punch!, ¡zaz!, ¡bang!) y simulaciones de aguien vomitando (¡piuk!, ¡buhaaaa!, ¡grhuuaa!)... –¡José José, aquí voy a tu rescate!, –pensé en ese instante.

Cuando llegué al final del pasillo había una anciana con un ojo tuerto, sentada en una silla, velando la entrada a un cuarto oscuro. Al estilo de pelicula policiaca rompí el seguro de la puerta de una patada y quedé atónito por lo que ví sucediendo dentro del cuarto; José José se encontraba semi-desnudo con una cubeta enfrente y por detras aquel misteriosos hombre que inició todo. Ese hombre, que si hubiera pasado un minuto más tarde cuando saliamos de la presentación del libro nada hubiera sucedido. Aquel hombre que si en su trabajo lo hubieran demorado unos cuantos minutos, no nos hubiera visto. ¡Pero no! Pasó en el momento y en el lugar preciso, para darme cuenta en ese momento que lo que veía allí lo tendría que contar a mis primos, tios, sobrinos, nietos, vecinos, amigos, enemigos y fulanitos de tal, pero sobre todo tenía que decirselo a este Negro Zumbón, que a su manera, ahora se los cuenta a ustedes.

¡Lo que estaba sucediendo, fué más feo que recibir un calcetinazo sucio y sudado en la cara! El principe de la canción, José José, el Frank Sinatra de México, semidesnudo recibiendo tremenda golpiza, provocandose el vomito quesque para sacar los espiritus malos que traía adentro. ¡Le estaban haciendo una limpia al estilo brujos de Catemaco! Procedí a persuadir al Principe a que nos marcháramos, ya que su hija aún se encontraba en el coche preocupada aguardando por nosotros. Firmó algunos autografos más, uno con dedicatoria especial para el brujo, y salimos por la puerta tracera.

Fue así como logré llevar a José José, el Principe de la canción, a sus aposentos para nuca más volverlo a ver, ¡pero que bonitas melodías!


viernes, 23 de julio de 2010

Todo por culpa del Negro Zumbón



Tengo ganas de bailar el nuevo compas... ¿Por qué razón me quedo inmóvil? ¿Por qué quedar pasmado ante la vasta gama de ritmos complacientes a mis sentidos? Sí, la aguja navega entre surcos guapachosos de vinilo, pero mi esqueleto en veces se resiste. Se resiste a recibir una descarga de placer. Será el mal de ojo, serán las ampollas de los pies por los zapatos que me van algo apretados, será que me invitan a la pista y no quiero. Será que crecí con un estigma de autocensura, o quizas nací con dos pies derechos y nomás no la hago. ¿Pero... y si voy? ¿Pero... y si se rien de mi? Y esque ese negro luego me hace bulla y mal me hace sentir. Mira, esa pareja baila rebien. Mejor los veo y así se me pega algo. Esa voltereta estuvo buena. Mano izquierda sujetando su derecha y la izquierda en la cintura mientras su diestra en el hombro. Ya le voy agarrando la onda. Esa melodía si me gusta. Y esque yo apenas voy aprendiendo. Un pie cruzado hacia atras jugando con el talón un poco. Aquí le doy la vuelta. Aún un poco tieso, pero ya me iré soltando poco a poco. Ojalá así fuera todo de fácil. Por que no lo es así, ¿o si? Mañana hay danzón. ¡Que bien, seguro estoy aquí!